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Biografía del ayatolá Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí

Albores de la vida

Su eminencia el ayatolá Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí, excelso Líder de la Revolución Islámica y segundo hijo del mártir Líder supremo de la Revolución, su eminencia el gran ayatolá Seyed Alí Jameneí, nació en la ciudad santa de Mashhad en el año 1969. Su infancia transcurrió en Mashhad hasta 1978.

Participación en la Defensa Sagrada

Cursó los estudios primarios y secundarios en escuelas de Mashhad y Teherán, respectivamente. A los dieciséis años, aún en etapa escolar, partió hacia los frentes de la Defensa Sagrada (la guerra contra el régimen baazista de Irak). Allí se incorporó al Batallón Habib ibn Muzahir de la 27.ª División Hazrat-e Rasúl (PB) y pasó también un tiempo en la División Seyed al-Shuhadá (P). Participó en diversas operaciones, entre ellas la operación Karbala 1.

El general Alí Fazlí, uno de los comandantes veteranos de la Defensa Sagrada, expresó así la insistencia de su eminencia en no ser reconocido entre sus compañeros de armas:

«Fue una dicha que pudiésemos pasar un tiempo en la División Seyed al Shuhadá (P) junto a mi muy estimado hermano, el señor Seyed Moytabá. En el periodo en que estuvo en la División Seyed al Shuhadá me recomendó que me dirigiese a él como “señor Hoseiní”, porque habíamos venido para cumplir con un deber y una obligación, no en busca de nombre, título ni vanagloria.

El señor Moytabá estuvo presente en la Décima División. Durante aquella etapa en que permaneció en la División Seyed al-Shuhadá, pudimos apreciar en él muchas cualidades: sus expectativas eran iguales o incluso menores que las de los demás combatientes; jamás le vi pedir algo más que los otros combatientes, ni siquiera insinuarlo; sino que se conformaba con menos. Procuraba estar presente allí donde el peligro era mayor y no en los lugares designados como seguros; siempre tuvo como uno de sus principios, y por criterio, las visitas y supervisiones al frente. En el momento oportuno bromeaba y se mostraba afable con los muchachos. En cuanto a la oración, tenía una característica particular: cuando no se rezaba en congregación, se esforzaba por hacer su oración en lugares apartados y oscuros, donde hubiese menos gente. Teníamos allí muchas tiendas de campaña, pero él elegía para la oración y la súplica íntima las más lejanas y apartadas. Este comportamiento se repitió durante todo el tiempo que estuvo en la división; no fue algo ocasional o de solo un par de veces».

Asimismo, el general mártir Nur-Alí Shushtarí, destacado comandante de la Defensa Sagrada, relató la participación de su eminencia en una de las operaciones:

«El señor Seyed Moytabá estaba preocupado; le pregunté: “¿Qué sucede?”. Señaló sus gafas y dijo: “Están rotas”. Le dije: “No hay razón para preocuparse”. Replicó: “Es que me retrasaré en la operación y tendré que ocuparme continuamente de esto”. Aquella operación era muy compleja y existía la posibilidad de que algunos combatientes fuesen hechos prisioneros; por consiguiente, habían participado aquellos muchachos que eran los más adelantados de todos… Yo había dicho en secreto a mis compañeros que no reparasen las gafas del señor Moytabá para que los jóvenes avanzasen y ellos se rezagasen. Pero mientras yo hablaba por radio y atendía otros asuntos, él había tomado las gafas, las había arreglado provisionalmente con un alfiler y se había puesto en marcha hacia la línea. Hice cuanto pude por detenerlos, pero no lo logré y se marcharon. Luego me puse en contacto con el comandante de su división y le dije: “Van hacia allí; procura que no participen en la ruptura de la línea”.

Al día siguiente, cuando llegué a la zona, vi que se habían situado en las alturas de Qashan, en el punto mismo donde estaba emplazada la posición defensiva más avanzada, en un lugar desde el cual la evacuación de los heridos era difícil y la provisión de municiones y víveres resultaba muy complicada. Hablé con nuestro hermano Fazlí y le dije: “Señor Fazlí, estos dos han ido a un lugar peligroso; su martirio no resultaría extraño, pero si son hechos prisioneros, desde el punto de vista propagandístico nos costará muy caro”. Él respondió: “Anoche se lo dije, pero han ido voluntariamente”»

Estudios en el seminario islámico hasta la obtención del grado de iytihad (esfuerzo interpretativo jurídico)

 El ayatolá Seyed Moytabá Jameneí inició sus estudios religiosos en 1985 en los seminarios de Teherán y en 1989 se trasladó al seminario islámico de Qom. Cursó las materias de los niveles superiores bajo la tutela de los ayatolás Ahmadí Miyanyí, Reza Ostadí, Ousatí y otros insignes maestros. Desde 1992 asistió a las clases de nivel superior de jurisprudencia relativas al capítulo del yihad, impartidas por el imam combatiente, su eminencia el gran ayatolá Jameneí —que Dios esté complacido con él—, así como a las clases de jurisprudencia islámica avanzada y principios de jurisprudencia del ayatolá hach sheij Moytabá Tehraní, uno de los antiguos discípulos de su eminencia el imam Jomeiní —exaltado sea su noble espíritu—. Durante ese periodo cursó también diversas disciplinas académicas y un programa especializado de lengua inglesa. En 1997, el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí contrajo matrimonio con la mártir señora Zahra Haddad-Adel y, ese mismo año, con el fin de completar sus estudios en el seminario islámico y recibir mayores mercedes espirituales, regresó a Qom, donde participó durante diecisiete años en las clases de jurisprudencia islámica avanzada y principios de jurisprudencia impartidas por los ayatolás Wahid Jorasaní, el sheij Yavad Tabrizí, Seyed Musa Shubayirí Zanyaní y el sheij Mohammad Momen Qomí. La presentación de apuntes académicos en árabe y la discusión crítica de cuestiones de las ciencias [islámicas] fuera del aula atrajeron la atención de varios maestros destacados hacia su persona.

El talento, el esfuerzo y la perseverancia, unidos a la precisión y a la independencia intelectual de su eminencia, han fructificado en numerosas y sólidas innovaciones en el sistema de las ciencias y las disciplinas del seminario islámico —particularmente en la jurisprudencia, los principios de jurisprudencia y la ciencia de los transmisores de hadices—. Entre sus méritos figuran contar con fundamentos intelectuales ordenados y coherentes dentro del conjunto de saberes islámicos y la fidelidad a dichos principios en sus producciones académicas sobre temas diversos. Su dominio de las escuelas de jurisprudencia islámica y de los principios de jurisprudencia del sheij al-A‘zam al-Ansarí, Ajund Jorasaní, Muhaqiq Nainí, Agha Zia Araghi, Muhaqiq Isfahaní, del imam Jomeiní —que Dios tenga misericordia de él— y de los grandes ayatolás Boruyerdí, Joei y el mártir Sadr —que Dios Altísimo esté complacido con ellos— ha reforzado y enriquecido los fundamentos académicos de sus producciones. Es digna de mención su dedicación a las obras de los compañeros de los Imames infalibles —la paz sea con ellos— y a las opiniones de los sabios antiguos. En particular, destaca su interés por la cuestión del «Irtikazu mutashárri‘ati ‘asri ma‘sumin ‘alayhimu s‑salam» (Trasfondo jurídico-religioso de la comunidad piadosa en la época de los Imames infalibles) y por el papel fundamental que este desempeña en el proceso de deducción jurídica.

Entre los aspectos importantes de su personalidad figura también su estrecha relación con maestros de moral y gnosis islámica, como los ayatolás Bahaadiní, Bahyat, Keshmirí, el sheij Yafar Moytahedí y un amplio círculo de personas de profunda espiritualidad.

Breve reseña de su docencia y actividad en el seminario islámico

Paralelamente a sus estudios, el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí se dedicó de forma continua a la enseñanza de la jurisprudencia islámica y de los principios de jurisprudencia. Comenzó impartiendo algunas materias introductorias en el seminario islámico de Teherán y, por recomendación del gran ayatolá mártir Seyed Alí Jameneí sobre la necesidad de una transformación del seminario y de la importancia de las obras del mártir Sadr, interrumpió la enseñanza del libro Ma‘alim y pasó a impartir Halaqat al-Usul del mártir Sadr. Tras su traslado a Qom, inició en 1998 la enseñanza privada de Rasaʾil y Makasib en la honorable casa del imam Jomeiní —exaltado sea su espíritu—. Posteriormente, comenzó clases privadas sobre la oración (las cuatro glorificaciones, la postración y la inclinación), con la asistencia de antiguos alumnos de Ma‘alim y Halaqat al-Usul.

En 2004 reanudó la enseñanza de Halaqat y en 2005 y 2006 impartió oficialmente los niveles superiores (Makasib) en una de las madrasas de Qom. En 2007 su labor docente se trasladó a la madrasa Feyziyeh, y en 2008 comenzó a impartir sus clases privadas del nivel superior de jurisprudencia sobre la oración en la oficina del gran ayatolá Jameneí —que Dios Altísimo esté complacido con él— en Qom. Desde el comienzo del año académico 2008, a petición de antiguos alumnos, inició en la sede de la oficina de Qom su clase pública y oficial de jurisprudencia islámica avanzada. Un año después, en 2009, comenzó oficialmente su curso avanzado público de principios de jurisprudencia, que se prolongó desde el inicio de los temas de la asignatura hasta el comienzo del principio de continuidad (istishab).

Antes de cada clase, solía redactar y sistematizar el desarrollo de sus discusiones académicas; después, también ordenaba personalmente las relativas a la jurisprudencia islámica y sus principios. Algunos volúmenes de ese material están ya preparados para su publicación.

Los apuntes académicos de sus lecciones estaban también preparados desde hacía tiempo para su difusión por algunos discípulos; sin embargo, debido a la negativa de su eminencia, no han recibido difusión pública hasta la fecha y únicamente, tras reiteradas peticiones, se han puesto a disposición de ciertas figuras y ulemas destacados del seminario.

Al estilo y a la manera de los sabios de antaño, entre las clases de jurisprudencia islámica y de principios de jurisprudencia dedicaba unos minutos a un diálogo académico y afectuoso con los discípulos. Asimismo, al inicio de la lección de jurisprudencia reservaba unos minutos a la exégesis del noble Corán, durante los cuales ofrecía observaciones genuinas y novedosas. Otro aspecto relevante de su docencia era la atención que prestaba a la formación de sus discípulos y la cuidadosa consideración de las objeciones académicas que estos le planteaban. Al término de la clase, algunos discípulos le transmitían sus preguntas y observaciones en prolongadas conversaciones, presenciales o a distancia, y obtenían respuesta con paciencia, dedicación e interés.

Entre los rasgos distintivos de su estilo docente y su empeño en formar discípulos figuran la creación de las condiciones necesarias para la capacidad crítica, la práctica de la deducción jurisprudencial y la planificación de exposiciones académicas sobre ciertos casos secundarios de jurisprudencia, a cargo de los propios discípulos.

La innovación en el contenido y en el estilo de enseñanza —dominio de las opiniones de los antiguos, crítica de los fundamentos académicos, sistematización de los problemas, exposición ordenada y lógica, libertad de pensamiento, rigor académico y la observancia de una moral y una modestia ejemplares— hizo que su clase del nivel superior de jurisprudencia se convirtiese paulatinamente en una de las más concurridas del seminario islámico de Qom. Antes de la pandemia de coronavirus y de la suspensión de las clases presenciales, más de cuatrocientas personas asistían a dicho curso. Durante el período de la pandemia, las clases se impartieron de manera virtual y, posteriormente, debido a su residencia en Teherán y a las limitaciones de desplazamiento a Qom, continuó impartiéndolas del mismo modo. A comienzos del año académico 2023 se inscribieron más de mil trescientas personas en su clase. En la primera sesión, a la que asistieron más de setecientas, se anunció de forma inesperada su suspensión. Esta noticia causó asombro entre todos los discípulos y en los demás círculos del seminario. Tras este suceso, mil personas —entre profesores y estudiantes del seminario de Qom— dirigieron una carta a su eminencia el mártir ayatolá Seyed Alí Jameneí —que Dios eleve su noble rango espiritual— solicitando la reanudación de su clase, y algunos de los grandes eruditos de Qom también lo solicitaron de palabra. Sin embargo, en un encuentro privado con un grupo de antiguos discípulos, adujo como motivo de la suspensión una cuestión espiritual que no era posible mencionar, y subrayó que, en las condiciones posteriores a la pandemia —en las que las clases de muchos buenos maestros del seminario habían perdido concurrencia o se habían suspendido—, no era apropiado que la suya se impartiese con tan elevado número de asistentes. Pidió, además, a los presentes que cesasen las demandas públicas y privadas para que esta se reanudase. Después de aquella carta de mil firmas y de algunos mensajes verbales, su padre mártir le planteó el asunto; pero, al conocer la firme decisión de su digno hijo, dejó la cuestión en sus manos. El ayatolá Seyed Moytabá Jameneí dijo a aquellos discípulos: «Encaminen a los estudiantes y eruditos que asistían a la clase hacia otros maestros», y enumeró, entre las condiciones del maestro modélico, la «erudición», el «ser revolucionario» y la «salud del alma». A pesar de la insistencia de amigos y de la recomendación del Líder mártir de la Revolución de que emprendiese la redacción de unas «anotaciones a la obra Urwa al-wuzqa», después de una negativa inicial, pospuso la decisión y, pasado un tiempo, centró su trabajo académico en esa tarea y en la reescritura de sus lecciones de jurisprudencia islámica y de principios de jurisprudencia.

Por otra parte, la preocupación por fortalecer la dimensión jurisprudencial del seminario de Qom conforme al enfoque transformador propugnado por el Líder mártir de la Revolución llevó al ayatolá Seyed Moytabá Jameneí, al tiempo que respaldaba las instituciones y los centros de jurisprudencia revolucionarios —con sus diversas sensibilidades y tendencias científicas—, a fundar de manera independiente algunos centros académicos y madrasas especializadas en jurisprudencia islámica. La atención simultánea a las cuestiones científicas y a las preocupaciones sociales, en particular al servicio a los desfavorecidos, dio lugar a la configuración de un programa integral en dichas madrasas, gracias al cual se ha formado hoy un grupo de personas creyentes, revolucionarias, solícitas y cercanas al pueblo. Su extraordinaria prudencia para evitar el protagonismo personal, su insistencia en fortalecer el sacro seminario de Qom y la corriente revolucionaria en su seno, así como su empeño en realzar la centralidad de la línea de pensamiento y la personalidad insustituible del Imam Jomeiní —Dios Altísimo esté complacido con él— y del mártir gran ayatolá Seyed Alí Jameneí —que Dios Todopoderoso esté complacido con él—, evitando la formación de las rivalidades habituales, han merecido el elogio de numerosas personalidades ilustres y la adhesión de un amplio espectro de profesores y eruditos a estas instituciones.

Rasgos de su conducta moral

El ayatolá Seyed Moytabá Jameneí gozó de una atención especial por parte de su padre y, en los ámbitos de la moral, la gnosis islámica y la piedad, siempre estuvo bajo su guía y apoyo. En este sentido, el texto que el Líder mártir escribió al comienzo de un libro ofrecido como obsequio a su hijo expresa claramente esta consideración especial:

«En el nombre del Altísimo.

He obsequiado este valioso libro a la luz de mis ojos, mi querido Moytabá Hoseiní. Ruego a Dios que, a través de él, beneficie al Islam y a los musulmanes; que Dios lo guíe, afirme sus pasos y lo libre de tropiezos, y lo proteja y preserve de las faltas y los deslices, tanto de palabra como de obra.

Yo, el más humilde siervo de Dios, Alí Hoseiní Jameneí».

Su eminencia el gran ayatolá Alí Jameneí previno siempre a sus hijos contra la atención a lo material. El ayatolá Seyed Moytabá Jameneí, al igual que sus demás hermanos, ha hecho de la sencilla vida del estudiante del seminario su norma. Además de ello, durante los años de estudio y docencia en Qom y en Teherán, se esforzó siempre por permanecer en el más absoluto anonimato, apartado de toda notoriedad.

Antecedentes en la gestión y en el gobierno

En el ámbito político y social, el ayatolá Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí ha servido desde hace años al Líder mártir, en ocasiones como ejecutor de sus órdenes y en otras como intermediario entre el liderazgo y las autoridades e instituciones políticas, militares, culturales y económicas. Todos los hijos del mártir Líder de la Revolución se han abstenido de participar en las actividades partidistas y faccionales habituales; no obstante, ello no impidió que el Líder mártir se beneficiase de la capacidad política y social de sus hijos para asuntos relacionados con el liderazgo.

En el terreno político y en las relaciones con las autoridades militares y las personalidades políticas, el Líder mártir se valió de los servicios y la capacidad de su hijo, el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí. Es obvio que esto no significaba una injerencia independiente y separada de su eminencia en los asuntos del país, sino que, de alguna manera, desempeñaba el papel de asistente en tales asuntos y estaba al servicio de su padre. Este mismo hecho propició que el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí estuviese, a lo largo de más de veinte años, al tanto de muchos asuntos políticos, militares y administrativos del país, y que en buen número de pormenores, elecciones y decisiones de su padre mártir fuese testigo, acompañante y hombre de confianza.

Quienes conocieron de cerca el estilo de gestión del mártir Líder de la Revolución confirman que sus hijos, a la vez que se abstenían seriamente de intervenir en los asuntos del país, han sido fieles asistentes, asesores de confianza y leales servidores de su padre.

El dominio que el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí posee de las grandes cuestiones del país, su relación con muchos altos funcionarios del sistema en distintos períodos, la celebración de múltiples reuniones de trabajo, los amplios estudios en diversas disciplinas del conocimiento y los encuentros continuos con las élites, así como la obtención de soluciones fundamentales en distintos campos —desde los asuntos menudos hasta los de gran calado en el ámbito de la gobernanza—, han conformado para él un valioso capital de cara al liderazgo de la Revolución Islámica.

Su relación constante con comandantes militares y líderes del frente de la resistencia —en particular con el Señor de los Mártires de la Resistencia, Seyed Hasan Nasralá, y con el general mártir hach Qasem Soleimaní— constituye otro importante aspecto de la personalidad del ayatolá Seyed Moytabá Jameneí.

El conjunto de estos factores ha provocado la enemistad antigua y profunda de Estados Unidos y del régimen sionista hacia su eminencia, y ha traído consigo el empeño constante en el asesinato de su reputación y en su eliminación física, así como diversas amenazas verbales y prácticas destinadas a impedir su eventual elección como Líder del sistema islámico. Sin embargo, con la ayuda del Imam Mahdi —que Dios Altísimo apresure su manifestación—, todas estas hostilidades han resultado fallidas.