El Líder de la Revolución Islámica:
Su eminencia el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí, Líder de la Revolución Islámica y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, en un mensaje con motivo del aniversario de los días iniciales de la Primera guerra Impuesta y de los Días de Dios de la defensa de ocho años —perdurable— de la nación iraní, señaló el intento de los dominadores de hacer volver a Irán a la época del atraso, la humillación y abyección
, la dependencia y la infamia mediante la imposición de la guerra en la primera década de la Revolución, y enfatizó: A pesar de los amplios esfuerzos, el sistema islámico se levantó como un fénix, más robusto y fuerte que antes, con una voz más resonante y un vuelo más alto; y esa característica se ha repetido una y otra vez en este sistema ante los acontecimientos que el enemigo ha ido urdiendo después. Ahora ese fénix, a causa de las presiones del enemigo y en particular de las dos guerras impuestas recientes, se ha vuelto tan grande que la sombra de su vuelo se proyecta incluso sobre las tierras del enemigo
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El Líder de la Revolución Islámica también, al conmemorar el segundo aniversario del martirio del comandante héroe del mundo árabe y gran símbolo del Frente de la Resistencia, el honorable Seyed Hasán Nasralá, y al elogiar la resistencia y la lucha del honorable sheij Naim Qasem, secretario general, y de los combatientes de Hezbolá del Líbano —fieles a la memoria de Ashura—, señaló: Estos días del Líbano son días destacados y gloriosos para todos los muyahidines de la resistencia, y días de humillación y, en última instancia, de vergüenza para quienes, frente al enemigo sionista, han puesto sus esperanzas en las falsas promesas de los dominadores y malintencionados
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El texto del mensaje del Líder de la Revolución Islámica es el siguiente:
En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso
Wa laqad arsalnā Mūsā bi-āyātinā an ajriy qawmaka mina-ẓ-ẓulumāti ilā n-nūri wa dhakkirhum bi-ayyāmi- L-lāh (1).
Los primeros días del mes de mehr (2) nos recuerdan los Días de Dios y el gran y perdurable acontecimiento de los ocho años de defensa, en los que el pueblo iraní entregó sus vidas en la Primera Guerra Impuesta. En aquellos días, el cálido resplandor del sol de la Revolución se extendía por toda la tierra de Irán y difundía un grato sentimiento de solidaridad nacional y de lealtad a la escuela y al camino del Islam revolucionario, cuyo efecto derretía los hielos del dominio y del colonialismo, antiguo y moderno. En aquellos días, algunos iraníes recordaban lo ocurrido veintitantos años atrás: la malevolencia de los colonialistas, la nacionalización de la industria petrolera y el golpe de Estado estadounidense. Otros habían oído hablar de ello, y muchos conocían bien la realidad de lo que la dominación extranjera sobre los asuntos de nuestro país había traído consigo. Pero los días anteriores eran días oscuros y sombríos, en los que los embajadores de los gobiernos arrogantes dictaban al sah de Irán lo que debía y no debía hacer, y él, con agrado o desagrado, lo ejecutaba, hasta que la gran Revolución de la nación iraní, bajo el liderazgo de su eminencia el imam Jomeiní (la misericordia de Dios sea con él), desbarató aquel entramado. Aquellos días oscuros, gracias a esta Revolución, dieron paso a los días luminosos del establecimiento de la República Islámica de Irán. Esto resultó muy costoso para los dominadores, que habían puesto sus ojos codiciosos en las riquezas de esta tierra y que, durante años, para apropiarse de ella, habían cometido todo tipo de maldades contra su pueblo. Por eso, desde entonces emplearon todo su empeño en hacer volver la caudalosa corriente de la nación revolucionaria a su cauce anterior, y la Primera Guerra Impuesta fue su acción más importante en la primera década de la bendita vida de la República Islámica.
Del corazón del fuego de esa guerra, encendida por el partido Baaz —antipopular— con la ilusión de una guerra de unos pocos días y de una victoria fácil, el sistema islámico se levantó, más robusto y fuerte que antes, como un fénix, con una voz más resonante y un vuelo más alto que nunca; y esa característica se ha repetido una y otra vez en este sistema ante los acontecimientos que el enemigo ha ido urdiendo después.
Aquellos días en que el enemigo de esta nación le había impuesto a sus lacayos y aplicaba una nueva forma de colonialismo se convirtieron, gracias a la Revolución y a haber enarbolado la bandera del Islam y de la yihad en el marco de la Guerra Impuesta, en días gloriosos que, aun treinta y ocho años después de su final, al observar uno por uno sus acontecimientos y los relatos veraces de sus supervivientes, se muestran como modelos —cada uno de ellos una lección de adoración, valentía, resistencia, moral y humanidad— que brillan como estrellas en lo más alto de la historia de nuestro país.
Aquellos días en que, al inicio de las agresiones de los seguidores del sistema hegemónico, nuestro país, para defenderse frente a tantas amenazas, había heredado manos vacías del régimen tiránico, gracias al establecimiento de la verdad y a la ayuda divina, ahora han dado paso a días en que los propios dominadores agresores —y no sus seguidores—, frente a los ataques de los combatientes del Islam, buscan refugio y alzan la mano de súplica para abandonar la guerra.
Esos días a los que ellos quieren hacer volver a nuestro país eran días de atraso, humillación y abyección, de dependencia y de mala reputación de Irán en el mundo islámico. En cambio, los días que vivimos están llenos de progreso, dignidad, independencia y del más alto grado de prestigio en el mundo islámico y, más aún, en todo el mundo. Hoy algunos nos consideran la cuarta superpotencia del mundo. Por supuesto, lo dicen según cálculos humanos; pero los cálculos divinos consideran la primera potencia del mundo a un país que se considera perteneciente al Progenie Pura —que las bendiciones y la paz de Dios sean con todos ellos—, cuya mayoría de gente está apegada a esos seres excelsos y no teme defender la verdad.
En aquellos días, los dos mares del sur de Irán eran campo de maniobras de las fuerzas enemigas; pero en estos días, debido a los duros golpes que han recibido de los valientes combatientes y de los guardianes del estrecho de Ormuz, no pasan del mar Arábigo. Cada vez que han comprado este peligro a costa de sus vidas, se han hecho daño a sí mismos; y pronto el mar Arábigo quedará también libre de ellos.
Hubo días en que los dominadores, mediante operaciones psicológicas y la creación de un clima de intimidación, vaciaron las calles de la capital y lanzaron un golpe de Estado contra la independencia que buscaba esta nación; y después saquearon durante veinticinco años las riquezas de este país. Pero en estos días, desde hace siete meses, nuestros compatriotas han engalanado las plazas y calles de todo el país con su presencia responsable y entusiasta, para mantener cálidos los corazones de los combatientes del Islam y hundir al enemigo en el miedo. Así, más de treinta millones de iraníes declararon su disposición al sacrificio; y cuando se trató de una organización concreta, según el anuncio renovado de su presencia, solo en los primeros cien minutos más de quinientos mil completaron el cupo solicitado. En este momento, en todo el Irán islámico, engalanado con la presencia de iraníes de diversas etnias, hay diversas muestras de preparación y, en particular, preparativos militares, para crear un campo de batalla que les dé renombre y cubra de oprobio a su enemigo.
Hubo días en que la valentía de los pueblos de esta tierra se conocía por sus hombres; pero ahora vivimos días en que las mujeres, en algunos ámbitos de presencia valiente, superan a los hombres.
Hubo días en que el enemigo intentaba debilitar constantemente la [base y la] retaguardia social del sistema; pero en estos días todos los estratos de la sociedad, con diferencias evidentes, insisten en preservar sus posiciones legítimas, incluida la preservación del muy bendito y próspero estrecho de Ormuz.
Esta comparación entre los días pasados y los presentes podría ampliarse y explicarse aún más, pero, en una palabra, yo, como servidor del querido pueblo de Irán, declaro que aquellos días pasados a los que nuestro enemigo anhela volver ya pasaron y no volverán jamás. Y, por supuesto, debo recordar con dolor y tristeza que en estos días se siente mucho la ausencia del gran Jomeiní y del eminente mártir Jameneí, —que Dios eleve sus nobles rangos espirituales—, a cuyo liderazgo debe el país su dignidad actual. Pero gracias al valioso legado que su actuación y sus luminosas y orientadoras palabras han dejado a sus seguidores, los días futuros serán mucho más gloriosos que estos. Porque aquel fénix que surgió de entre las llamas de la Primera Guerra Impuesta es ahora, a causa de las presiones del enemigo y en particular de las dos guerras impuestas recientes, tan grande que la sombra de su vuelo se proyecta incluso sobre las tierras del enemigo.
En esta ocasión, con motivo del segundo aniversario del martirio del comandante héroe del mundo árabe y gran símbolo del Frente de la Resistencia, es muy oportuno recordar al honorable mártir Seyed Hasán Nasralá (que Dios eleve la pureza de su alma), que fue un sincero bienhechor de su nación y de su escuela, y sus discursos sinceros y llenos de dulzura, así como sus valientes acciones, fortalecían los corazones de su gente y, más aún, de los hombres libres del mundo; que llevó el nombre del Líbano a lo más alto; un país pequeño que durante años había sido el patio trasero de algunas potencias. Alguien a quien la victoria y la conquista acompañaron siempre, y sin duda, a lo largo de toda la historia del Levante hasta hoy, después de los Profetas y sus sucesores, no había alzado la cabeza en aquella antigua región un hombre de su talla. Y, por supuesto, ahora su gloriosa bandera está en manos del honorable sheij Naim Qasem (que Dios lo proteja), quien valientemente, a la vanguardia de las firmes filas de Hezbolá —fieles a la memoria de Ashura—, continúa aún su camino.
Estos días del Líbano son, ante la historia y desde ahora mismo, días destacados y gloriosos para ellos y para todos los muyahidines de la resistencia, y días de humillación y, en última instancia, de vergüenza para quienes, frente al enemigo sionista, han puesto sus esperanzas en las falsas promesas de los dominadores y malintencionados. Aquellos que, a diferencia del Seyed mártir de la resistencia, del Seyed Hashim Safi al-Din y de los muyahidines actuales de la resistencia —que en la continuidad del tiempo brillarán como astros resplandecientes y guiarán a quienes, sumidos en la perplejidad, buscan el camino—, muy pronto, en la primera ojeada a las páginas de la historia, serán enterrados y olvidados; y cada vez que en el futuro se hable de ellos, serán recordados por su maldad, su falta de prudencia y, quizás, incluso por su traición.
Para terminar, espero que, con la continuidad de las mercedes divinas y la súplica especial de nuestro maestro [el Imam Mahdi] (Apresure Dios Altísimo, su noble manifestación, y sean nuestras almas su redención), la nación iraní y todos los aliados de la resistencia no encuentren sino la victoria, la conquista y la dignidad, y que sus enemigos no encuentren sino la derrota y la abyección; por el favor y la generosidad de Dios.
Seyed Moytabá Jameneí
28/09/2026
Notas
(1) «Y, ciertamente, enviamos a Moisés con Nuestros milagros: «¡Saca a tu pueblo de las tinieblas a la Luz y recuérdales los Días de Dios!» (Corán 14:5).
(2) Séptimo mes del calendario persa, vigente en Irán.