En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso
La atención al excelso asunto del «establecimiento de la oración» y, en particular, la celebración del Congreso de la Oración es una de las medidas necesarias y convenientes que, desde principios de la década de los noventa, se han venido desarrollando en el país gracias al esfuerzo del sabio muyahidín y querido por el pueblo, maestro del Corán y predicador hábil, huyat al-Islam wa al-muslimín Qaraatí (que perduren sus bendiciones). La especial dedicación del grandioso Líder, el mártir (que Dios eleve su noble rango espiritual) a este asunto, y sus importantes, continuas y enfáticas recomendaciones en los mensajes relacionados con los treinta y dos congresos anteriores, refuerzan también la importancia de esta línea de acción. Sin duda, hablar o escribir sobre la oración está a la altura de la revelación divina y de las palabras del nobilísimo Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él y con su descendencia) y de los Imames infalibles (que las bendiciones y la paz de Dios sean con ellos); y la pluma de un servidor como yo es demasiado pequeña para escribir algo sobre la profundidad de los conocimientos de la oración. Pero la identidad y las exigencias de la sociedad islámica, y los deberes de sus servidores, en particular del liderazgo de la Revolución Islámica, exigen que recuerde algunas palabras en este sentido, para mí mismo, para el pueblo y para las autoridades.
La oración es una de las más bellas y grandes bendiciones de Dios —la Realidad Suprema, Gloriosa y Excelsa—; la más sublime institución, símbolo y pilar de la religión; el lazo que nos une, a cada uno de nosotros, con la fuente divina infinita y eterna, para una comunicación cercana y directa. Este elixir de prosperidad y salvación, y pilar de la vida pura, es a la vez un apoyo sólido y continuo, una reserva inagotable del ser humano en la lucha contra el demonio interior y los demonios del mundo, y una fuente de la que brotan amor, esperanza, bondad y tranquilidad. Las bendiciones descienden y los sustentos divinos se multiplican con el establecimiento de la oración y el arrepentimiento.
Pero el precepto de la oración no es solo un deber individual; según la enseñanza del Corán, el establecimiento de la oración es el primer fruto y signo del gobierno de los virtuosos:
Al-ladhīna in makkannāhum fī l-arḍi aqāmū ṣ-ṣalāta (1)
El hecho de que esta aleya se mencione precisamente después de la aleya en que Dios Altísimo promete Su auxilio divino a quienes Le auxilian y a su yihad en la bendita sura al-Hach (2) muestra que el establecimiento de la oración, como apoyo sólido del recuerdo de Dios y de la esperanza y la confianza en Él, desempeña un papel especial en la yihad, la conquista y el triunfo en los campos de batalla, especialmente en el que hoy afronta la nación iraní.
Hoy, cuando se han dado más que antes las condiciones para el establecimiento y el poder del querido pueblo de Irán, cada uno de los miembros de esta nación es destinatario de esta orden divina reiterada de cumplir la oración: «Aqīmū ṣ-ṣalāh» (Estableced la oración). Además, todas las personas con influencia en la sociedad —desde los padres y las madres, las familias, los maestros y los amigos, hasta los profesores, las élites y las figuras conocidas y los famosos—, así como todas las instituciones y organismos formadores de cultura, incluidos las mezquitas, las oraciones del viernes, las escuelas, las universidades, los seminarios islámicos, la radiotelevisión, los activistas culturales y sociales y la movilización popular, tienen una doble responsabilidad en este asunto; y muy especialmente quienes están en contacto con los adolescentes y los jóvenes.
El establecimiento de la oración, en todas sus etapas complementarias y niveles de desarrollo, en el seno de la sociedad y de un país que ha enarbolado la bandera del Islam genuino de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él y con su descendencia) y se enorgullece de la soberanía del Islam, está entre los asuntos más importantes; y para preparar el terreno y recorrer el camino desde la etapa del movimiento y la Revolución Islámica hasta la etapa de la sociedad islámica, es algo necesario; y solo después será posible alcanzar la etapa de la civilización islámica. La institucionalización y universalización de la oración, por un lado, y el esfuerzo colectivo por practicarla de la mejor manera, por otro, son los dos ejes principales para alcanzar este objetivo tan importante. El auge de las mezquitas y otras medidas para aumentar el número y elevar la calidad de las oraciones en congregación y de las del viernes son pasos previos necesarios para alcanzar esta importante meta. En todos estos casos, el papel de los imames de las oraciones en congregación y de las oraciones del viernes —que deben ser un refugio para la gente y unos oídos atentos y receptivos a sus penas— es muy destacado.
Espero que, con las mercedes divinas y la atención y la súplica especial de nuestro maestro [el imam Mahdi] (que Dios Altísimo apresure su manifestación), nuestro querido pueblo y nuestro país tengan éxito y reciban apoyo en el establecimiento de la oración y en el aprovechamiento de sus gracias y bendiciones.
Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí
01/10/2026
Notas
(1) «Aquellos que, si les damos poder en la tierra, establecen la oración» (Sagrado Corán, 22:41).
(2) Sura 22: La Peregrinación.