En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso
Alabado y glorificado sea Dios, que concede dignidad a los creyentes y humilla a los opresores; Aquel que hizo de nuestra vida la yihad y la preparación [para la manifestación del imam Mahdi], y decretó que nuestra muerte fuese el martirio en Su camino a manos de las peores de Sus criaturas. La paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Dios, el Profeta Muhammad, y con su pura y bendita descendencia, y rogamos a Dios que apresure Su noble alivio mientras nosotros gocemos de bienestar y salud.
Yā ayyuhā l-ladhīna āmanū aṭī‘ū Llāha wa-aṭī‘ū r-rasūla wa-ulī l-amri minkum ...(1).
Dicho esto…
Maestro nuestro, su eminencia el imam, el Alfaquí Guardián (Waliyyun Faqīh), el querido ayatolá Seyed Moytabá Jameneí (que nuestras vidas sean sacrificadas por usted), as‑salāmun ‘alaykum wa raḥmatu l-lāhi wa barakātuh (la paz sea con usted, así como la misericordia de Dios y Sus bendiciones).
Nosotros, sus hijos y hermanos, los jameneístas de Hezbolá —la Resistencia Islámica en el Líbano—, le dirigimos esta carta con los corazones rebosantes de esperanza y colmados de anhelos, deseando que usted goce de todo bienestar y salud, y que permanezca resguardado en la firme fortaleza y la segura protección divina.
En primer lugar, le expresamos nuestras felicitaciones por el martirio de su padre, nuestro Wali (tutor) mártir; un martirio que puso fin a décadas de yihad y liderazgo, habiendo reunido en su persona el conocimiento y la acción, y habiendo abierto las puertas de la generosidad y el don como alfaquí místico, pensador coránico y Líder confirmado por Dios, hasta que, al igual que su noble antepasado, alcanzó el martirio a manos de los «ibn Mulyam» de esta época. Asimismo, le expresamos nuestras felicitaciones por los martirios, las heridas y los sacrificios de sus hermanos, hermanas, hijos e hijas, de los abnegados de esta umma en el frente de la resistencia, especialmente los hijos de su querida tierra, el Irán islámico, y suplicamos a Dios que cubra a los mártires con Su misericordia, conceda una pronta recuperación a los heridos y otorgue paciencia y sosiego a sus familias.
Siempre hemos tenido el honor de peregrinar a la ciudad santa de Mashhad y de saciarnos en la fuente cristalina de la autoridad divina (wilaya), ante la presencia del imam Rida (la paz sea con él); y mientras enarbolamos la bandera de Huséin (la paz sea con él) con la mano de la yihad y la preparación para la manifestación del imam Mahdi, y con la otra mano libramos combate cuerpo a cuerpo contra nuestros enemigos —lo que significa «labbayka wa hayhāt» (henos aquí, y [la humillación] está lejos [de nosotros])—, estrechamos calurosamente la mano de nuestros queridos hermanos, los hijos del imam Rida (la paz sea con él), formados en la escuela del imam Jomeiní (exaltado sea su noble espíritu), portadores de la insignia del imam Jameneí (exaltado sea su noble espíritu) y los que enarbolan su bendita bandera, es decir, las fuerzas del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, el Basich sagrado y todo ser humano noble y libre que, en el Irán islámico se beneficia de la brisa fragante de la autoridad divina (wilaya); aquellos en quienes vemos el amor y el sacrificio del imam Huséin (la paz sea con él), la perspicacia y la entrega de Abbás, y la certeza y la lealtad a la wilaya de Salmán.
Y ahora, usted, carga sobre sus hombros la bandera del Islam genuino de Muhammad; la misma que el Líder mártir tomó tras el eminente imam Jomeiní, y la misma que un día enarboló el imam Huséin (la paz sea con él) en Karbala, cuando se alzó solo frente al numeroso ejército enemigo y, proclamó con dignidad y honor: «¡Juro por Dios que nunca extenderé mi mano para prestarles juramento de lealtad como lo hacen los humillados!»
¡Oh, Líder nuestro! Desde el corazón del campo de batalla donde libramos nuestra particular lucha de Karbala contra los faraones de la tierra, extendemos hacia usted nuestra mano para prestarle juramento de lealtad con toda nuestra fuerza y determinación. Y tenemos la certeza de que, con este juramento, en realidad estamos jurando lealtad al imam Mahdi (que Dios apresure su manifestación), pues usted es, con pleno derecho, su representante y su prueba para nosotros durante la gran ocultación.
Y contraemos el compromiso con usted de avanzar por el camino de la «dignidad», preparando el terreno para la manifestación [del Imam Mahdi] y armándonos de paciencia. Así como estuvimos con el Líder mártir, estaremos con usted, sin temer en el camino de Dios el reproche de ningún reprochador. El legado de los mártires, los heridos, los prisioneros, los desaparecidos y sus pacientes familias recae sobre nosotros, y en nuestros corazones fluye el camino y el método del mártir Jameneí; un camino y un método cuyo título es la fortaleza y la confianza en Dios Altísimo.
Y bajo su liderazgo, con la venia de Dios Altísimo, avanzaremos en el campo de batalla, portando la bandera del Islam conforme a la guía del Corán y la descendencia del Profeta (la paz sea con ellos). El sol que ilumina nuestra senda es el imam Mahdi (que Dios Altísimo apresure su noble manifestación), y nuestros precursores son los mártires que nos han precedido en esta senda. Nunca nos sentiremos solos en el camino de la guía, pues las caravanas de mártires, heridos, madres, padres, cónyuges y todos los hijos de la umma de la resistencia y el frente de la yihad nos acompañan. Avanzamos bajo el liderazgo de nuestro secretario general, el combatiente sheij Naim Qasem (que Dios lo proteja), y albergamos una gran esperanza en la promesa divina de heredar la tierra y de la manifestación de la religión de Dios bajo el liderazgo victorioso de la familia de Muhammad (la paz sea con ellos). Y hasta que esa promesa divina se cumpla, no verá de nosotros sino obediencia, voluntad de victoria y amor al martirio:
Wa mā n-naṣru illā min ‘indi L-lāhi l-‘Azīzi l-Ḥakīm (2).
Y nuestra última súplica es:
Al-ḥamdu lil-lāhi rabbi l-‘ālamīn (3)
Sus hijos y hermanos en Hezbolá
—La Resistencia Islámica del Líbano—
Notas
(1) «¡Oh, los que creéis! ¡Obedeced a Dios y obedeced al Mensajero y a los que de vosotros tienen autoridad!» (Sagrado Corán 4:59).
(2) «Y la victoria no proviene sino de Dios, el Poderoso, el Sabio» (Sagrado Corán 3:126).
(3) «Alabado sea Dios, Señor de los mundos» (Sagrado Corán 1:1).